Hace unos días escuché a alguien decir que la memoria inquieta, en otras palabras, quita tranquilidad, paz, serenidad. Yo prefiero decir que la memoria moviliza, remueve momentos de la historia, que en definitiva nos formaron, o más bien nos forman, lo siguen haciendo. La memoria, aparece en la vida de uno como la facultad por medio de la cual se resguarda el pasado. Es esa que forzamos, a través de fotos, para viajar a momentos y quedarnos a salvo en lugares que en verdad ya no están. La memoria es tan valiosa, que no solo nos marca lo que fuimos y afrontamos en el pasado, sino que también nos obliga a hacer una revisión de lo que queremos hacer con toda esa información, en el presente. Nos hace jugar con un montón de piezas que representan cada uno de los acontecimientos que enfrentamos en el ayer, y nos hace convivir con personas que ya no están, o sí, pero de otra manera en nuestras vidas. Nos regala momentos efímeros con personas que extrañamos, pero momentos, en fin. La memoria provoca muchas veces nostalgia, es para valientes. Recordar lo que pasó, por más lindo que haya sido, a veces puede ser un poco fuerte. Son acontecimientos que uno intenta reacomodar, pero con poco éxito, porque, justamente, ya pasaron. De la memoria surge el arrepentimiento, las voces oscuras de qué hubiese pasado si, las ganas de querer cambiar una ficha por otra, de haber modificado algo a tiempo, de haber hablado. Pero también es cierto, que, del pasado, nacen nuevas formas, diferentes posibilidades de enfrentar un mismo problema, se busca salir mejores, intentarlo al menos. En el pasado, se enfrentan los diferentes yo, de ahí surge la oportunidad de avanzar y arreglarlo todo. No de la manera que hubiésemos querido en ese momento, sino que, bajo las nuevas circunstancias, con un color distinto. De la memoria nacen las cartas que nos entregaron, las dedicatorias de amor más lindas, no solo tiempos muertos, que fueron, sino recuerdos que enseñan, ilusionan, que nos hacen más fuertes y débiles a la vez. Una maravilla. La memoria te saca del presente, hay que tener mucho cuidado y elegir cuándo usarla. Con la memoria aprendemos que no podemos cambiar el pasado, no tiene sentido arrepentirnos de decisiones del ayer, hay que acordarnos que con la distancia los sentimientos dejan de ser los mismos, y uno no puede evaluar fielmente lo que sintió en ese entonces, pero sí, asegurarnos de que lo que pasó nos va a construir y ayudar a caminar con un pasado del que nos enorgullecemos de caminar. No hay que temerle a la memoria, nos da el poder de estar allá, sin realmente estar físicamente. Nos demuestra que somos mucho más que un cuerpo. Pero ojo, solo úsala para hacer visitas, no vivas viajando. Seguramente, cuando mires hacia atrás y veas tu pasado, te des cuenta en dónde estuviste verdaderamente. Ojalá no te arrepientas de no haber vivido lo suficiente.

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