Llorar por una pelea, por la ruptura con un novio, por el fallecimiento de un ser querido, llorar porque los planes no salieron como uno quería, y porque el cuerpo no se ve como queremos, llorar sin saber por qué. ¿Por qué llora uno? ¿Cuál es el motivo válido? A veces puede parecer exagerado que alguien se encierre en si mismo por una pelea o se angustie porque su gran sueño de casarse no se concreta. Pero, hay que saber que el dolor no se mide, y lo que, para alguien, en un momento dado, es un mundo, para el otro es lo más irrelevante. ¿Comparar dolores? ¿Decir que hay cosas peores para llorar? La experiencia nunca es transferible, y tal vez sí, es cierto que cuando nos suceden hechos dramáticos podemos ver que hay momentos en los que realmente no vale la pena derramar lágrimas, pero eso solo lo vive y siente uno. Entonces, ¿suma decirle al otro que hay cosas peores para preocuparse? No. Tampoco es necesario hablar, hacer un análisis de, y mucho menos querer entender el sufrimiento. De hecho, seguramente no lo entendamos, porque es algo que sucede, y no se narra. Por eso es importante, que no busquemos las mil preguntas para comprender, ni que le aseguremos a la persona que sufre salir rápido del momento, ni que le ofrezcamos la salvación. Muchísimo menos que le pidamos que sonría. Respetar el momento del otro, dejarlo llorar a mares, no hacerlo sentir un loco y avergonzado por estar así. El dolor no se comprende, la tristeza pasa, como también así la felicidad, son parte de nosotros, y hay que dejarlas fluir. Nos construyen. Si querés realmente ayudar a alguien, simplemente quedáte a su lado, sin siquiera entender por qué está así. Pero quedate, no te vayas, solo hacelo, si te lo pide, es importante respetar sus tiempos. Y no, no estamos locos por llorar y no saber por qué realmente lo hacemos.

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