Me vio la historia, me dejó de seguir, le puso me gusta, me agregó a mejores amigos, me clavó el visto, ni siquiera entró a la conversación, me bloqueó, silenció la historia, y miles de frases más enfermizas, que lo único que promueven es el control, la caída de la autoestima, la inseguridad, y la presión por mantener vínculos activos.

¡Basta ya!

No quiero obstinarme en que veas mi actividad, tampoco quiero sentir ganas de saber que estás haciendo minuto a minuto, y mucho menos, estar obsesionada en subir contenidos, para que veas mi historia en ese preciso momento. Mucho menos, hacerme ilusión de que me respondas, y más aún, tener la obligación de encontrar posibles usuarios, que me interesen para sentirme que estoy teniendo una vida como la de mis pares.
¿Por qué la necesidad constante de mantener vínculos activos o personas con las que conversar virtualmente, e ingresar así en esta cadena que no frena? La mayoría, hipócrita, dirá, “yo no me fijo en quién me vio la historia”, “subo solo contenidos porque me gustan”, “nunca stalkee a alguien”. Discúlpenme, pero no les creo.

Vínculos tóxicos

El perverso mundo de las redes crea cada vez más conductas tóxicas y hasta construye términos como el ghosting, y tantos otros, que juegan directo con las emociones. Es que todo se vuelve más sensible y delicado, potenciado también por estos momentos de incertidumbre y aislamiento.
Tal vez, sea tiempo de empatizar más con el otro, entender, la incidencia real en nuestro accionar, tener consciencia, de que nos conectamos, con personalidades muy diferentes, y quizá opuestas a la nuestra. La seguridad, la privacidad, y lo que realmente somos, están en peligro. Ya no es un juego, y estos términos, pasaron a estar presentes hasta en las terapias psicológicas, y forman parte central de los conflictos vinculares.

No huir

Y no, me niego a que la solución sea desaparecer de las redes. Es que, de verdad, no alcanza con cerrarnos el Instagram, en un ataque de desesperación, por un día, dos semanas o para siempre. Debemos aprender a ser responsables de lo que hacemos y sensatos en cómo lo usamos. También, cuidemos al que está del otro lado, porque, no es algo fácil para todos, y seguramente a algunos les cueste hacerlo por sí solos. Pensar en el otro, como lo hacemos en uno.
Y a vos, no sos mejor por qué te respondan más historias, y mucho menos, por desaparecer, así como si nada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *